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Libro “Crimen, Complejidad y Economía”

Crimen, complejidad y Economía
Libro editado por nuestra socia Marina Marsili y Noelia Radyna

El libro tiene la virtud de haber ordenado y sistematizado buena parte de los saberes prácticos forjados en organismos de investigación y control especializados en la temática, avanzando así en la consolidación de un saber disciplinario aún en ciernes en nuestra región: la investigación económica de la criminalidad compleja. Los temas abordados en el texto pueden organizarse en tres grupos: i. temas vinculados a la reflexión teórica sobre cómo debería pensarse una política criminal estratégica en materia de delitos complejos; ii. Herramientas para planificación y gestión de investigaciones complejas y de grupos de trabajo dedicados a dicha tarea; y iii. Herramientas prácticas para la ejecución de investigaciones financieras y patrimoniales complejas.

Libro; “Desafíos de la Administración Pública en el contexto de la Revolución 4.0.”

Desafíos de la Administración Pública en el contexto de la Revolución 4.0.
Libro editado por nuestro socio Oscar Oszlak y Santiago Bellomo.

Prólogo:
El trabajo que nos complace presentar aborda los retos que enfrenta la administración pública en tiempos de la revolución 4.0, entendida como una transformación sin precedentes, que excede lo tecnológico y representa un cambio cultural profundo que atraviesa todas las esferas de la actividad humana.

A partir de dos ángulos diferentes y complementarios, estas páginas constituyen un exhaustivo recorrido por diversos aspectos de la transformación digital y cómo esta impacta e interpela a las dependencias estatales en general.

El primero, concerniente a problemas generados por la transformación digital surgidos por fuera de la gestión pública, pero que requieren su intervención, incluye temas como el rol del Estado como regulador, proveedor de servicios, promotor de la innovación…

Libro “Las políticas públicas. Formulación, implementación y evaluación”

Maximiliano Rey, Horacio Cao, Arturo Laguado Duca, Aníbal Jorge Sotelo, Paula Amaya y Natalia Aquilino (coautorxs)

Editorial UNAJ

Este libro es el segundo de la colección “Desafíos y estrategias 2020. Gobernar para el ejercicio de derechos”, de la serie Gobernar, que edita la Universidad Nacional Arturo Jauretche. La colección se compone de treinta y dos artículos distribuidos en seis volúmenes, donde investigadorxs de reconocida trayectoria fueron convocadxs para desarrollar reflexiones y estrategias en clave de expansión y fortalecimiento que contribuyan a la mejora de la calidad de vida de la población. Con prólogo de Carlos Vivas, director de la Maestría en Políticas Públicas y Gobierno de la Universidad Nacional de Lanús, y presentación de la compiladora Paula Amaya, la obra aborda la construcción de una gestión pública nacional y popular, la planificación y el presupuesto de políticas públicas y evalúa esos programas como estrategia de gobierno.

Empleo público. Trayectoria, balance y proyecciones. Hacia consensos básicos
Eduardo Salas
Ex Director de la Oficina Nacional de Empleo Público (ONEP) y ex Director del Instituto Nacional de Administración Pública (INAP). Licenciado en Ciencia Política (USAL) y en Administración (UBA). Docente de la UBA, de la UNLP y de la Escuela del Cuerpo de Abogados del Estado (ECAE). Miembro del Consejo Directivo de la Asociación Argentina de Estudios en Administración Pública (AAEAP). Impulsor del Consenso para una Función Pública Profesional para la Argentina del siglo XXI.
Objetivo
Reflexionar sobre las políticas de empleo público de los últimos 20 años. Balance y propuestas para un funcionariado acorde con el siglo XXI.
Fecha:
9 de junio de 2020.
Libro de Daniel Fihman

La profesionalización del Servicio Civil. Un estudio sobre la implementación de concursos para el ingreso al empleo público en Argentina.

El trabajo constituye un estudio sobre la implementación de una política pública dictada por el Poder Ejecutivo Nacional de Argentina en materia de Servicio Civil: la decisión de cubrir los cargos vacantes de la planta permanente del Sistema Nacional de Empleo Público a través de concursos durante el período 2010 y 2015.

En el libro se analiza la implementación de esta política, algunos de sus logros y algunas dificultades que se presentaron en su desarrollo. Aún con las contradicciones y limitaciones en términos de calidad y eficacia que se observaron en la implementación de este proceso, el autor concluye que los concursos para el ingreso al Servicio Civil sobre la base del mérito, constituyen la mejor herramienta disponible en la actualidad para dotar al Sector Público de los mejores hombres y de las mejores mujeres para cada lugar de trabajo, elemento esencial para consolidar un Servicio Civil profesional, competente y comprometido.

¿Qué hacer con el Estado?

Ámbito Financiero reunió a cuatro especialistas en gestión pública, con una consigna en común: ¿qué hacer con el Estado? Todos apuntan a buscar una “visión superadora” y destacan el papel de las nuevas tecnologías.

La Dra. Rita Grandinetti es profesora e investigadora de Tecnologías de la Administración Pública de la UNR y directora del polilabUNR; Fabián Ruocco es el director ejecutivo de la Unidad de Vinculación Tecnológica CEDYAT (Centro de Asistencia y Vinculación Tecnológica), unidad ejecutora de una multiplicidad de proyectos con el Estado argentino, durante los últimos 20 años. Por su parte, Gustavo Blutman es profesor titular de Administración Pública de la UBA y miembro del Centro de Investigaciones en Administración Pública (CIAP); finalmente, Gonzalo Diéguez es director del programa de gestión pública de CIPPEC.

En primer lugar, la charla apuntó a realizar un análisis de la situación actual.

Rita Grandinetti: La pandemia ha puesto en el centro de la escena al Estado, de eso no hay duda, y ha desnudado lo mejor y lo peor de él. La pandemia ha actuado como un gran acelerador de innovaciones en el Estado por su necesidad de dar respuestas en tiempo real en un escenario global, regional y local absolutamente trastocado y, a la vez, ha desnudado sus falencias.

Esta actuación ha permitido desplegar las capacidades preexistentes de trabajo en red, las organizaciones más horizontales y las herramientas de gestión digital, como los desarrollos utilizando big data, los mapeos digitales, etc. En cuanto a las falencias, hay organismos y gobiernos en los diversos niveles y jurisdicciones que, por sus estilos de conducción y liderazgo, sus estructuras muy verticales y fragmentadas y sus resistencias a la digitalización, se encuentran con serias dificultades para actuar.

Fabián Ruocco: La mayoría de los organismos estatales hoy toman conciencia de que deben iniciar o, en su caso, continuar su propia transformación digital para capitalizar las enormes oportunidades que trae la tecnología, evitando así perder su lugar frente a nuevos escenarios post-Covid-19. No hay tiempo para la improvisación. Hay que profundizar lo que se viene haciendo bien, liberando espacios físicos ocupados literalmente por expedientes y actuaciones de papel que encierran datos importantes si se los puede usar tecnológicamente con big data, dejando las modalidades artesanales de la burocracia medieval sólo en los libros de historia. Todas estas acciones de digitalización del Estado sirvieron para que hoy se puedan sostener las áreas críticas de la gestión.

Gustavo Blutman: El Estado no está en una tormenta, está directamente en medio de un tornado y un tsunami al mismo tiempo. Como va a quedar la Argentina pospandemia hace plantear qué tipo de país se espera para los próximos años. En ese sentido el gasto público así como el sistema impositivo, que es el que permite ese gasto, tendrán que reverse. No es un problema de prioridades, sino de ir trabajando paralelamente con lo urgente pero también con lo importante, que es planificar para los próximos años.

Gonzalo Diéguez: En este contexto de alta incertidumbre, asistimos -por enésima vez- a una (re)valoración positiva del rol clave que cumple la esfera estatal para sortear en lo inmediato situaciones de criticidad sistémica. En simultáneo, con una mirada a mediano y largo plazo, se observa la necesidad de instrumentar procesos de convergencia entre el Estado y el mercado para promover mecanismos que retroalimenten procesos virtuosos entre la ciencia y el desarrollo tecnológico junto a las cadenas productivas y las políticas públicas de inclusión psicosocial. La articulación público-privada de estos componentes aparece como una premisa necesaria para superar los coletazos económicos y sociales que arrojará esta pandemia.

Periodista: ¿Qué hay que hacer con el Estado pospandemia?

G.B.: La conformación del Consejo Económico y Social, anunciada pero no ejecutada, es relevante para ir generando un verdadero plan de conjunto.

R.G.: Considero que es crítico pasar de un Estado donde la innovación se da por islas o es marginal a un Estado ambidiestro: de una gran capacidad de gestión de las políticas y los servicios de alta calidad y a la vez con una gran capacidad de innovar para la construcción de valor público.

G.D.: Podríamos señalar el surgimiento de nuevos modelos de administración pública de tipo híbridos que combinen nuevos procesos digitales con mecanismos presenciales para una prestación ágil y eficiente de los bienes y servicios públicos. Las nuevas burocracias estatales deberán no sólo profundizar la rigurosidad científica de sus estudios prospectivos sino también desplegar una nueva gobernanza de los datos públicos que contemple la promoción del uso del big data con regulaciones que sostengan resguardo integral de los datos personales y otros derechos civiles básicos.

P.: ¿Qué debe hacerse con la infraestructura del Estado?

R.G.: Es necesario capitalizar la experiencia Covid-19 en diseños del Estado con sentido de innovación pública: nuevas institucionalidades (normas escritas y tácitas), diseños organizacionales, gestión de la información, gestión presupuestaria y trayectorias de desarrollo dinámico del personal. Diseños recreados para que pueda desplegar todas las capacidades necesarias y minimizar las falencias evidenciadas a partir de las capacidades disponibles.

F.R.: Argentina vive un verdadero fenómeno de home office que en diversas formas parece que llegó para quedarse. Con sus aciertos y errores, diversos programas especiales, desde “Conectar Igualdad”, que llegó a entregar hasta 6 millones computadoras a los estudiantes secundarios, hasta “País Digital”, que auxilió a los municipios, así como el inmenso trabajo “intramuros” por el cual se logró avanzar en la gestión digital de documentos, junto a la posibilidad de realizar trámites a distancia a través de una plataforma que permite al ciudadano, de manera virtual, realizar consultas y operaciones con la mayor comodidad, en forma remota, desde cualquier lugar y en cualquier momento, son algunos ejemplos de herramientas destinadas a permanecer en el tiempo, y que en este momento de crisis quedaron ratificadas.

P.: ¿Cómo debe ser el contexto laboral del sector público a futuro?

G.B: Quedó claro que muchas actividades pueden desarrollarse online. Que hay reuniones que no requieren presencia física. Acciones que no están pautadas por horarios específicos. El futuro del Estado debería replantear las formas de trabajo. Sabemos que hay actividades que requieren una presencia física, por ahora: el enfermero para poner la inyección, el policía para controlar. Pero hay un número de tareas que pueden desarrollarse por objetivos y resultados. Y con esto no estamos diciendo que se trabaje ni más ni menos horas ni que cobren menos sueldos. Sino que hay que repensar las estrategias y esas actividades en relación con nuevas formas de trabajo.

F.R.: La transformación digital del Estado requiere que los funcionarios adquieran nuevas habilidades.

G.D.: El impacto de las tecnologías de información y comunicación dentro de las burocracias públicas puede convertirse -una vez más- en un factor catalizador de la digitalización de los procesos administrativos fortaleciendo y sofisticando las metodologías de gestión pública, a través de nuevos formatos de trabajo, remotos, más colaborativos y transversales.

P.: ¿Qué nuevas tecnologías deben plantearse?

G.B.: Todas las tecnologías existentes y actualizadas tienen que ser parte intrínseca del criterio modernizador del Estado. Sin embargo, hay un problema entre necesidades, deseos y presupuesto que es difícil de evaluar. Hay organismos con lo último o casi último en tecnologías de la información (ANSES, AFIP) y existen municipios que ni siquiera tienen computadoras. Pensar a largo plazo también incluye estrategias de apropiación de tecnologías de punta por parte de las organizaciones y disminución de las brechas existentes.

G.D.: Este contexto reproduce una vez más los “fenómenos de islas” y el “síndrome sobre falte”, es decir: ciertas áreas estatales que despliegan una performance de gestión pública sustantivamente superior a otras. Esta situación responde, entre otros factores, a la infraestructura tecnológica disponible, el perfil y las competencias de los empleados públicos – en especial, los mandos medios que conforman la alta dirección pública- y los diversos marcos regulatorios vigentes.

F.R.: El aparato estatal se encuentra rezagado en términos tecnológicos, y hay que desarrollar una estrategia sólida de transformación digital que permita llegar a los segmentos más alejados a la innovación. La diferencia entre el teletrabajo potencial y el efectivo es muy grande en el Estado. Se deben aprovechar los recursos internos de las diferentes áreas de informática donde trabaja realmente talentoso personal. Los países que lograron mayores avances en materia de gobierno digital han invertido en capacitación en todas sus áreas. En definitiva, la transformación digital, más allá de verse como una simple implementación de tecnología, se trata de la reinvención y cambio cultural que afecta a los procesos, los procedimientos, los hábitos y los comportamientos de organizaciones y personas, que gracias a las digitalización mejoran su capacidad de hacer frente a los desafíos del siglo XXI con la finalidad de superar las barreras burocráticas.

P.: ¿Qué herramientas tiene el Estado para avanzar en estos sentidos?

G.B.: Tiene recursos humanos y financieros. Estos últimos hay que redirigirlos para optimizar su uso. Hay personal con conocimiento desaprovechado y en los últimos años la estrategia de los gobiernos ha sido que todo lo que huela a partido opositor sacárselo de encima o enviarlo al ostracismo organizacional.

G.D.: Se deberá trabajar sobre problemas específicos, buscando resultados a corto plazo y midiendo el impacto, lo que supone para las burocracias estatales el diseño de soluciones innovadoras que se buscan dentro y fuera de las organizaciones públicas, con un enfoque más abierto y flexible.

R.G.: Es necesario dejar de comenzar siempre de cero; se trata, creo, por el contrario, de poner en valor múltiples innovaciones y capacidades que tenemos, dejando de lado viejas dicotomías: lo urgente e importante vs. la innovación como un accesorio; sólo podremos actuar efectivamente si innovamos públicamente; si no, nuestras respuestas a las necesidades y nuestras acciones van a ser siempre tardías e inadecuadas en esta sociedad.

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¿Cómo aprovechar la crisis para mejorar el futuro de la gestión pública?

Debido al aislamiento obligatorio, el 70% de los empleados estatales realizan su labor desde su casa. Castellani, Pando y Schweinheim coinciden en revalorizar el rol del Estado para fortalecer sus capacidades y estar en sintonía con los nuevos desafíos y exigencias ciudadanas.

Con la pandemia por Coronavirus y el decreto de aislamiento social obligatorio en todo el país, el trabajo se volvió remoto, tanto en el sector privado como en el público. De la noche a la mañana el 70% de los empleados estatales comenzaron a realizar sus tareas a distancia. Luego de casi siete semanas de cuarentena y una posible flexibilización de ella ¿cómo quedará la gestión pública después de esta experiencia?

Este medio dialogó con Ana Gabriela Castellani, secretaria de Gestión y Empleo Público de la Nación; Guillermo Schweinheim, doctor en Sociología y director del Centro de Estudios La Piedad de la Asociación del Personal de Organismos de Control (APOC), y Diego Pando, presidente de la Asociación Argentina de Estudios de Administración Pública (AAEAP).

A tres meses de iniciada la gestión de Alberto Fernández, con equipos sin conformar, autoridades sin designar y una agenda que no estaba cerrada, el Covid-19 interrumpió cambiando la forma de gobernar y gestionar las necesidades de la ciudadanía. “Tuvimos que enfrentar un desafío extraordinario. En primera instancia reconvertimos el funcionamiento para seguir trabajando de modo remoto desde el lunes 16 de marzo, luego tuvimos que dar respuesta a las demandas sociales y empezar a pensar políticas para paliar los efectos negativos en todos los sentidos”, expresó Castellani.

El teletrabajo en el sector público fue posible gracias al sistema de Gestión Documental Electrónica y Firma Digital que existen a nivel nacional desde 2016. En este sentido, la funcionaria explicó: “Sin eso no hubiésemos podido. Es fundamental contar con estas herramientas, no podemos seguir dándoles la espalda, hay que mejorarlas, pensar de nuevo. Hoy son las que nos permiten tener una modalidad a distancia más allá de las fallas”.

Por su parte, Schweinheim destacó el funcionamiento de los sistemas informáticos. “Facilitan y permiten la tarea remota. Permitieron a la Administración Pública Nacional funcionar. Lo más probable es que con el tiempo haya una profundización de esta modalidad porque se demostró que es efectiva, evita la concentración de personas, hay menos polución, menos sobrecarga del transporte publico, de tránsito y, en consecuencia, de accidentes. Por todo esto creo que en el futuro hay probabilidades de que veamos cambios de hábitos”.

Con miras al futuro, Diego Pando habló de sumar capacitaciones a los agentes del Estado y de buscar la manera de terminar con la brecha digital. “La otra cara de la moneda es la necesidad de garantizar la inclusión digital. Las desigualdades en Argentina se suman y se potencian: los más pobres, los que tienen menos años de educación formal, los más viejos y quienes viven en zonas rurales o subdesarrolladas, tienen menores probabilidades de estar incluidos digitalmente. En el siglo XXI, no hay ciudadanía plena sin derechos digitales”, afirmó.

Pero la falta de inclusión digital no es lo único que quedó en evidencia con el aislamiento obligatorio. Para Schweinheim hay que mejorar también los “sistemas de contratación de obras públicas, de inversión pública y de compras, que quedaron al descubierto con los sobreprecios en la adquisición de alimentos”. Pese a esto, también resaltó el funcionamiento del ANSES, AFIP y de la Secretaria de Hacienda: “Todo esto muestra que había capacidades y fortalezas preexistentes que es necesario reconocer”, agregó.

Hoy, según Castellani los desafíos son revalorizar el rol del Estado, la función pública, las herramientas de gestión electrónica y a los trabajadores estatales. “También es primordial pensar nuevas modalidades de trabajo y que la ciudadanía pueda hacer trámites desde su casa de forma online. Tenemos que reducir al máximo la prestación de servicios de modalidad presencial. Hay que combinar formas sin enamorarse de ninguna, imaginar todos los mecanismos posibles”.

En este sentido, desde la Secretaría de Gestión y Empleo Público de la Nación trabajan en mejorar la comunicación directa con el ciudadano para dar una respuesta efectiva, haciendo las gestiones más simples. Además redactaron un catálogo de derechos y servicios esenciales que se actualiza en forma permanente: “Es una forma de unificar. Son muchas páginas así que estamos viendo cómo lo llevamos a una plataforma o aplicación para que sea más accesible”, informó.

Una ventana de oportunidades

Siguiendo al presidente de la AAEAP, Diego Pando, “gestionar lo público en los próximos años va requerir un conjunto de energías, destrezas y habilidades sin antecedentes. En este contexto, la pandemia abre una ventana de oportunidad no solo para revalorizar el rol del Estado sino también para fortalecer sus capacidades de manera tal de estar en sintonía con los nuevos desafíos y exigencias ciudadanas”.

Coincide con Castellani, para quien “en el futuro hay que recuperar esta experiencia crítica para imaginar e innovar formas de trabajo mas efectivas o múltiples, ya que tuvimos que implementar a la fuerza esta modalidad. Hoy son casi 100 mil personas del sector público trabajando de modo remoto. Con los todos los desafíos que implica desde la coordinación hasta los recursos técnicos”.

En este contexto, una transformación de la gestión pública y del Estado es urgente. Teniendo las debilidades como guía, pero las fortalezas como motor. Los tres especialistas concuerdan en algo: la capacidad de respuesta del Estado es mayor que la del mercado en una situación de emergencia sanitaria como la que se presenta actualmente por el Covid-19. Por eso, trabajar en su fortalecimiento es fundamental para afrontar no solo otras crisis, sino también el futuro.

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El elogio de los grises

Por Diego Gantus | Ilustración: Lucho Galo

La pandemia puso en agenda una discusión política que viene desde hace rato, Estado Vs. Mercado. Diferentes reflexiones vaticinan la victoria de uno o del otro, mientras tanto, la vida social no se vale de grises.

Abro un navegador. Leo diarios argentinos. Abro otra pestaña, e ingreso a Twitter; leo informes y diarios del extranjero. Abro otra pestaña, e Instagram me recibe con un aluvión de memes. “El triunfo del Estado” es la lectura casi ecuánime. “El mercado no te salva”. Hay reacciones opuestas, claro está; son los mismos sospechosos de siempre. No lo leo como una victoria. No debiéramos hacerlo.

EL PASADO

Estado, capitalismo y burocracia son artefactos modernos. En “Economía y Sociedad”, Max Weber apuntó como nadie los nexos existentes entre estos términos en clave histórica y conceptual. La búsqueda de eficacia, eficiencia y economía (de escala) tanto en el ejercicio de la dominación política como en la dominación económica, está en la base de la paulatina expropiación de medios de administración, para concentrarlos en manos del Príncipe-Rey; del mismo modo, en la paulatina expropiación de medios de producción, para concentrarlos en manos del empresario capitalista (Weber, 1964).

El modo de producción capitalista divorció la dominación política de la dominación económica. Pero no fue la única ruptura. En su ascenso hacia la conquista del poder político y su posterior ejercicio, la burguesía emparejó la cancha, divorciando el ejercicio del poder de su adjetivo más temido: absoluto. Thomas Hobbes se revolvía en su tumba, al compás del “No taxation without representation”.

Estos dos divorcios definen la naturaleza de una tensión que es constitutiva del origen y la evolución del Estado y el Mercado como principios ordenadores de la vida social. Como bien señala Norbert Lechner (1992), “los mercados”, para su funcionamiento, necesitan de un tipo de orden que el propio Mercado no está en condiciones de proveer. Ese orden, de mínima, debe asegurar la integridad física de las personas y la integridad jurídica de los derechos de propiedad. Para hacerlo, y hacerlo con grados razonables de eficacia, eficiencia, y aprovechando las economías de escala que la provisión centralizada de esos bienes públicos permitía, el Estado podía gravar a sus constituyentes.

Hasta el fin de la segunda revolución industrial, la esfera política (pública, estrechísima) y la económica (privada, harto amplia) se reforzaron mutuamente en sus también artificiales autonomías. La era de oro del Liberalismo (económico, pero también político), es la del triunfo y posterior consolidación de la burguesía como clase dominante, a la salida de las revoluciones del siglo XVII, pero fundamentalmente, de “las dos grandes”, de fines del siglo XVIII. Esa pax liberal, ni remotamente próxima a la idea teórica del Estado mínimo, duró apenas un siglo. El siglo que vio la unificación estadounidense post Guerra Civil, la unificación de “las italias”, de “las alemanias”, entre otras consolidaciones del Estado Nacional tal y cómo lo conocemos hoy. Porque desde fines del siglo XIX en adelante, todo fue a contramano.

Procesos de larga duración, contemporáneos, se combinaron y retroalimentaron para presionar sobre esa aquella aparente armonía. El cambio tecnológico y la aceleración del ritmo de la inversión que hace posible la acumulación capitalista, explican muchos de ellos de manera directa o indirecta. Las migraciones masivas del campo a la ciudad en búsqueda de asegurar la supervivencia propia; la virulenta irrupción de la cuestión social y la incipiente organización del movimiento obrero; el reformismo social y el movimiento sufragista, y su correlato organizacional en clave de partidos políticos de masas, son todos emergentes que arrojaron, con sus peculiaridades, dos resultados sólo aparentemente contradictorios para la filosofía política del siglo XIX: la salvación del capitalismo (y no su ruina, como temía la burguesía en el cambio de siglo), a partir de la ampliación de la esfera pública (y no de su reducción, como temía el proletariado). Democracia, y más Estado (no menos), vinieron a salvar al mercado.

La curva de intervención del Estado en nuestra vida económica y social es representada por una pendiente de 45° entre 1870 y 1970. Se explica por el sinnúmero de cuestiones socialmente problematizadas, al decir de Oszlak y O’Donnell, que dejaron de ser entendidas como pertenecientes al ámbito de lo privado (y por ende, que cada quien se arregle), y pasaron a ser entendidas crecientemente como públicas (y por ende, pasibles de ser abordadas con recursos estatales -entre todos-). Así como creció la curva de la intervención, lo hizo en proporciones semejantes la extracción de recursos de la economía (hogares y empresas) por parte del Estado.

Las tendencias reseñadas se ensucian con el estallido de la IGM, la posterior crisis de 1929’-32’, y la IIGM. Pero se ensucian “hacia arriba” (se agudizan, no se detienen ni retroceden). Y a la salida de la II posguerra, el mundo como un todo registrará el período de más alto crecimiento sostenido del que tengamos registros. Entre 1950 y 1980, de acuerdo con el trabajo de Summers, Kravis y Heston (1984) basado en datos del Banco Mundial, las economías desarrolladas crecieron a un ritmo promedio anual de 4.1%, las del llamado “tercer mundo” al 4,65%, y las economías “planificadas” al 5.4%. ¿Qué explica esta nueva y artificial armonía? En opinión de Offe, Democracia Competitiva de Partidos, y Estado de Bienestar (Offe, 1982).

Desde los 40´ con mayor intensidad, el crecimiento de la intervención del Estado en la economía y en la vida social era vista con preocupación por economistas que consideraban que una intervención estatal (medida como % del gasto público/PBI) que creciera por encima de lo que crece la cantidad de dinero de una economía, era necesariamente inflacionaria. La inflación era, y para muchos sigue siendo pese a toda la evidencia en contrario, un fenómeno monetario. Un problema adicional lo representaba la Burocracia. Asumiendo que “algún Estado” era mejor que “ningún Estado”, en ausencia de una medida de cálculo para establecer la eficiencia de su desempeño (función que representa el lucro en las organizaciones privadas), la recomendación era una sola: tener el Estado más pequeño posible (Von Mises, 1944).

A inicios de los 80´, la formidable expansión del Estado, y el crecimiento de los niveles materiales de vida de todo el globo, llegó a su fin. Al asumir con dos dígitos de inflación anual por segundo año consecutivo (algo inédito en la historia económica de su país), un 21 de Enero de 1981, Ronald Reagan comenzaba su discurso inaugural diciendo: “En esta crisis actual, el Estado no es la solución a nuestro problema. El Estado es el problema”. Que la segunda premisa de la frase sea una falacia, no debería negar la verdad implícita en la primera: el Estado había sido, de mínima, parte de la solución durante el siglo XX, que con lucidez Woodrow Wilson designó, en sus albores, como el “Siglo del Estado Administrativo”.

¿Qué explica ese freno tan abrupto? Aldo Isuani (1993), explora tres hipótesis, y las contrasta con los datos disponibles. La primera, que la causa inmediata (la inflación que erosiona los niveles de inversión que hacen posible la acumulación capitalista) se explica en virtud de los niveles impropios de gasto público (causa mediata). La segunda, que la causa inmediata (la erosión de los niveles de inversión que hacen posible la acumulación capitalista) se explica en virtud de los niveles impropios de redistribución del ingreso (causa mediata). La tercera, finalmente, que la causa inmediata (la inflación que erosiona los niveles de inversión que hacen posible la acumulación capitalista) es la estrategia capitalista (causa mediata) elegida para disciplinar a la fuerza de trabajo en condiciones de pleno empleo (en los que la recesión y el desempleo no formaban parte del conjunto factible).

Los datos sólo son consistentes con esta última hipótesis. El nivel de gasto público e inflación ni siquiera correlacionan en los países que integran la muestra. Adicionalmente, si bien los pisos materiales de vida de los trabajadores crecieron durante el período de manera incomparable, también lo hizo la rentabilidad empresaria hasta mediados de los 70. En buen romance, el reparto de la torta, se mantuvo constante; lo que creció mucho fue la torta.

Y es tan concluyente la evidencia respecto a que, en ese crecimiento de la torta, el papel del Estado fue central para hacerlo posible, que cuesta creer cómo escuelas de economía y organismos internacionales pudieron tener, nuevamente, tanto predicamento en los 70´, si desde los 40´ fracasaron año a año en pronosticar la fecha de un siempre inminente acabose. La historia que sigue es más conocida.

EL PRESENTE

En un debate hiper-ideologizado, como bien reconoce Lechner (1992), lo único que debería quedar claro es que lo que discutimos es “un nivel de grises”. El “Estado total”, así como el “Estado mínimo” que sólo garantiza la vida de las personas y los intercambios, son dos creaciones de nuestra mente. No han existido, ni existirán. Lo que estamos discutiendo o lo que deberíamos discutir, es otra cosa.

Hoy día, en tiempos de pandemia, celebramos las declaraciones de Macron, y las nacionalizaciones a plazo del premier irlandés Varadkar. Nos rompemos las manos aplaudiendo la editorial del Financial Times del viernes 3 de abril (“Virus pone al descubierto la fragilidad del contrato social”). En todo el globo, con más o con menos, los hogares y las empresas han acatado la imposición de normas propias de un estado de excepción; pero también, los paquetes de ayuda y estímulo a esos mismos hogares y empresas. Un cierto silencio reina, salvo las excepciones aludidas al inicio de esta pieza, del otro lado del mostrador. Pero esto ya lo hemos vivido. Como cada vez que las papas quemaron.

Como cada vez que un Estado salió al rescate de una gran empresa, un sector de la industria, o una economía toda. Como ocurrió a partir de 1932; como ocurrió a partir de 2008. Como ocurre todo el tiempo, si uno sabe mirar. Y en medio de esas victorias, de ese entusiasmo inicial porque el péndulo vaya a moverse en la dirección opuesta a la que tomó en la década de 1980, un cierto desánimo nos termina invadiendo.

En un soberbio libro que está disponible en español, Barry Bozeman ejemplifica su argumento (“Todas las organizaciones son públicas”, 1998) contando la historia de la industria aero-espacial en los EEUU. Una industria que nace, y evoluciona hasta el presente, sólo a partir de la intervención del Estado (creando industrias, financiando investigación, subsidiando, cediendo locaciones, rescatando financieramente cuando hace falta, como a la Lockheed-Martin en 1971). Son siete empresas, que controlan el 80% del gasto de Defensa. Y mucho más también.

Mariana Mazzucato, italiana residente en Londres, en un trabajo más reciente, pero en la misma clave («El Estado Emprendedor. Mitos del sector público frente al privado”, 2013), pone de manifiesto que la innovación, esa que “cambia” nuestras vidas de manera radical y para siempre, no sólo es promovida, financiada, sino llevada directamente a cabo por el Estado en sus etapas iniciales y decisivas.

Si hubiera dependido sólo de los incentivos que generan los mercados, esas industrias (desde la producción de aviones, misiles, transbordadores, internet, Apple, mucho de la industria farmacéutica, entre otras) no hubieran existido. Nada de esto es información para iniciados; está a la vista. La evidencia es abrumadora.

EL FUTURO

En la década de 1980, lo que se desató fue el aumento de la concentración y de la desigualdad. Sus niveles actuales son escandalosos. Los defensores a ultranza de la superioridad de la lógica del mercado para asignar recursos respecto de la lógica extra-mercado (la propia de la política, del Estado), lo saben perfectamente. Y aun así no descansan.

En una disputa diferente, están implicados los grandes pensadores de urgencia; siempre listos para dar el próximo batacazo, imponer el nuevo genérico, o para delinear como será ese futuro que ya llegó, hace rato (al igual que el libro sobre la pandemia de Zizek). Se abalanzan sobre los cambios y las transformaciones que serán, que pueden ser, que tal vez; con la misma convicción de siempre. Auguran que las cosas seguirán como hasta ahora; que podrá cambiar algo, pero no tanto, que nada será igual. El repliegue de la Globalización, el “renacer” del Estado Nación, y todo lo que cae en el medio. No debemos distraernos.

Cada decisión pública que afecta o puede afectar el nivel de grises imperantes, será disputada ni bien retornemos a nuestras aulas, nuestros trabajos, a nuestras calles. Ninguna de las que son necesarias y urgentes para sacar de la pobreza y la indigencia a porciones significativas de la población mundial están ya garantizadas. Como siempre, nos costará sangre, sudor y lágrimas.

Los defensores del status-quo no descansan, tampoco debemos hacerlo quienes creemos que un Estado inteligente y capaz es la primera línea de defensa contra una existencia indigna. No hemos ganado nada. Cada centímetro, en todos los ámbitos en que esta disputa se juega, debe defenderse con toda la inteligencia y convicción de la que somos capaces. En ello, queda demostrado también una vez más, por si hiciera falta, nos va la vida.

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La digitalización en Rosario, una aliada contra la pandemia

El presente aislado desnudó falencias y destacó virtudes en el accionar de la sociedad moderna. Rita Grandinetti, Docente e Investigadora, Directora de PoliLabUNR, destaca cómo la encontró a la ciudad y a la Universidad Nacional de Rosario esta coyuntura, y las aceleraciones que produjo en su planeamiento.

El decreto de aislamiento social, preventivo y obligatorio dictado el pasado 20 de marzo produjo infinidad de cambios rutinarios. Ante estos cambios, se incrementó la necesidad del accionar sin salir de casa, como hacer las compras, pagar impuestos, cursar la escuela o el terciario, hacer consultas médicas, entre otras.

“Esto despierta una gran aceleración de formas virtuales de realizar nuestras tareas diarias. Teníamos muchos recursos para hacerlo, pero quizás aparecían un poco marginados”, sostiene Rita Grandinetti, Investigadora de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).

Rosario y la UNR son dos buenos ejemplos para pensar a la era digital en el medio de esta pandemia. Rosario es una ciudad que a fines de los 90 tuvo un proceso de digitalización muy importante. A tal punto que por ejemplo en el año 2000 ya había desarrollos de intranet en el municipio, cuando todavía era muy difícil de explicar y de aplicar en la sociedad.

La ciudad ha ido haciendo algunos pasajes y se lo puede visualizar por ejemplo en la atención al ciudadano. “En un momento se crearon los distritos territoriales para descentralizar, con la idea de que el vecino pueda dirigirse cerca de sus domicilios”, contaba Grandinetti. Asimismo agrega que con el paso del tiempo se fueron incorporando diferentes plataformas y aplicaciones para evitar concurrir también a estos lugares. Por ejemplo a la hora de hacer un reclamo, no hay necesidad de dirigirse hacia la Secretaría de Control, sino que desde 2018 existe la App “Rosario Responde”, para todo tipo de reclamo de los vecinos.

“Así como hay cosas que todavía están faltando, hay un piso que se fue desarrollando con el correr del tiempo y esta actualidad lo pone en evidencia. Eso también ya generó una cultura ciudadana que se empezó a construir en base a los recursos digitales que la ciudad le ofrece”, destacaba Grandinetti, también Especialista en Innovación Pública.

Aspectos virtuales de la Universidad Nacional de Rosario

“Hace unos veinte años que la UNR tiene su campus virtual, sin embargo siempre estuvo en los márgenes, es decir con pocos cursos y pocas carreras más allá de que muchos de los docentes hacíamos uso del mismo”, cuenta la Docente.

En 2019 la Universidad desarrolla la “Agenda UNR 2030”, donde diseña cómo construir la Universidad del mañana. Grandinetti destaca que en esa agenda, donde se desempeña como Coordinadora, uno de los puntos fundamentales del eje pedagógico es la necesidad de desarrollar nuevos formatos educativos. Ya no como algo marginal, sino como un recurso útil donde las carreras tengan la posibilidad de realizar cursados virtuales, en su totalidad o no, dependiendo de cada programa.

“A fines del año pasado, la Universidad desarrolló una inversión muy importante vinculada a esta agenda para la puesta a punto de su campus virtual, como una reformulación para que pudiera soportar este proyecto que venía con fuerza pero se pensaba como algo gradual. En un abrir y cerrar de ojos, y atravesados por la covid-19, nos encontramos con toda la Universidad virtualizada, con un esfuerzo muy grande y una gran voluntad y dinamismo de decanos, docentes y también de estudiantes”, celebraba.

Como colectivo de profesores sienten vivir una primavera de docencia a la hora de buscar alternativas, de desafiarse, de entender estos nuevos formatos. Asimismo destaca que a la par se ve un agradecimiento muy sincero por parte de los estudiantes, que evidencia su valoración hacia el esfuerzo de la UNR por continuar con el dictado de clases.

“En diciembre nunca hubiésemos pensado que en marzo íbamos a salir con todas las clases virtuales. Esta aceleración no solo nos mueve mucho más rápido hacia donde queríamos ir, sino que también nos presenta nuevos escenarios, nuevos rumbos y desafíos, porque hay un colectivo que se está replanteando muchas cosas”, menciona Grandinetti.

Por ejemplo se está llevando a cabo un seminario que era presencial, pero ahora de forma virtual viene dando buenos resultados y eso permite abrir la UNR a personas de otros lugares.

También se está evaluando el proceso de los estudiantes de primer año. “A algunos les cuesta adaptarse a la vida universitaria y al cambio de su casa a la gran ciudad, siendo un cimbronazo muy fuerte. Este año la gran mayoría no llegó a instalarse en Rosario, por lo que muchos están cursando y entrando al nuevo mundo pero de a poco, desde sus hogares. Quizás puede ser una buena receta para los próximos años. Quizás no, y terminan dejando muchos más alumnos, pero eso se lo evaluará y es lo importante de aprovechar estos momentos extraordinarios”, analiza la docente.

“La educación quizás necesitaba este empujón. Venimos trabajando desde el 2000 en la educación virtual, pero sin dudas que esto nos lleva a ponernos de acuerdo y avanzar todos juntos, y comenzar a verlo como un soporte útil, y no solo como una alternativa”.

Asimismo desde la UNR entienden que los encontró en un momento con las condiciones dadas, con una base armada, lo que permite no postergar las clases como ha sucedido en otros grandes lugares del país. “Suspender las clases sería agregar dificultades, disvalores. No se si alguien sabe cuándo dejaremos las clases 100% virtuales, pero ahora lo importante es seguir trabajando y garantizando educación”, concluía Grandinetti.

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El Estado, entre lo urgente y lo importante

La revalorización del Estado y del sector público en estos tiempos de pandemia es un hecho auspicioso especialmente para contrarrestar los argumentos de aquellos que consideraban que todo lo resuelve la mano invisible del mercado. Sin embargo, estamos viendo que, sin mercado y sin sociabilidad, tampoco habría Estado. Por ello, planificar de manera estratégica es tomar en cuenta lo importante para mitigar lo urgente y para eso se requiere una mirada multidisciplinar.

La continuidad del aislamiento podría pensarse como el sueño de los que desean el control rígido, aquello que en términos de Foucault logra el disciplinamiento y el control sobre los cuerpos. La lepra los separaba, la peste los enclaustraba. El aislamiento obligatorio excede a la peste y controla a los cuerpos de manera física y mental.

¿Estamos en un estado de sitio? La respuesta en términos jurídicos sería negativa. ¿Se nos restringen nuestras libertades? Definitivamente. ¿Si un sector quisiera salir a la calle y manifestarse en contra de las medidas tomadas de la cuarentena podría? Difícil. Aplausos y cacerolas son algunas de las demostraciones visibles.

Esas manifestaciones las realizan los diferentes actores sociales, políticos y económicos que se mueven de acuerdo con intereses específicos, pudiendo ser los mismos egoístas – quiero que termina la cuarentena para abrir mi negocio- o altruistas – apoyo a los médicos porque benefician a la sociedad. Las decisiones que se tienen que tomar en estos tiempos exceden una agenda clara y fija, la misma es movible y volátil.

Pero… ¿Son los médicos los únicos que pueden asesorar en orientaciones posibles? Seguramente los sociólogos, antropólogos, psicólogos, economistas, politólogos, entre otros podrían tener opinión sobre el comportamiento societal, sobre las transformaciones culturales, las estructuraciones mentales, para señalar algunos de los posibles saberes que pueden aportar expertos no médicos.

La gente se enferma, y algunos mueren por el coronavirus, pero también por la falta de accesos a servicios básicos, mala nutrición, depresión, violencia familiar, obesidad, y otras situaciones que no están incluidas en la exclusividad de la profesionalidad de la salud.Posiblemente con la inclusión de otras miradas científicas la decisión podría haber sido la misma, no lo sabemos con certeza, pero ampliar las visiones nos permite ver diferentes escenarios y caminos alternativos.

En una escena de la película Parasite se plantea lo siguiente: ¿Sabes qué tipo de plan nunca falla? Ningún plan. Ningún plan en absoluto. ¿Sabes por qué? Porque la vida no se puede planificar. Los que vieron la película sabrán el resultado final. Pero también sabemos que dejarse llevar por las reacciones lo que deriva es en desorientaciones y colpasos.San Agustín decía ni el pasado ni el futuro existen, el pasado vive solo en la memoria y el futuro es solo una esperanza.

Podemos redirigir ese pensamiento señalando que el presente no existiría, ese presente ya es pasado y solo nos queda mirar el futuro. Por eso el Estado tiene que pensar en el futuro, planificando en el corto, mediano y largo plazo, y ampliarlo a la mayor cantidad de voces posibles que generen una visión compartida. De esa manera podremos resolver lo urgente pero también avanzar en lo importante.

Gustavo Blutman es Profesor titular regular Administración Pública FCE UBA.

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